El Observador

Las distinciones son un gran aliado en nuestra manera de entender el mundo, hablaremos en detalle de ellas en la próxima publicación. Facilitan al observador que somos a ampliar su mirada, hacernos más conscientes de que vivimos en mundos interpretativos. No sabemos como las cosas son. Sólo sabemos como las observamos o cómo las interpretamos.

Y partiendo de esta idea, hoy hablaremos de El Observador, es irónico que nos pasemos los días pretendiendo convencer a otros de que nuestra manera de entender el mundo es la correcta. Si sostenemos que no podemos saber como las cosas son, ello implica abandonar la pretensión de acceso a la VERDAD. Hacernos conscientes de que La Verdad, es algo que proviene únicamente de la realidad del observador que somos, no de la realidad en si misma, siendo sólo una interpretación, una mirada distinta… Nos facilita cuestionarnos el mundo en el que creemos vivir.

Maturana argumenta sobre las dificultades que encontramos al suponer que nuestras percepciones corresponden a las entidades que pueblan nuestro mundo exterior. Nuestras percepciones, resultan de las condiciones propias de nuestra estructura biológica y no de los rasgos de los agentes perturbadores de nuestro medio. Es decir, los seres humanos no disponemos de mecanismos biológicos que nos permitan tener percepciones que correspondan a como las cosas son, pues nuestros sentidos vienen filtrados al fin y al cabo por el observador que estamos siendo. Por ello no se afirma que el hecho de no conocer como las cosas son, no implica negar su existencia, únicamente que no podemos conocer lo que realmente son con independencia del observador que las observa.

Tomar consciencia implica adquirir un conocimiento de algo a través de la reflexión, la observación o la interpretación de lo que uno ve, oye o siente. Siendo para mi fundamental, cuestionarse todo lo que procede de nuestros sistemas: familia, trabajo, cultura, religión, entornos (barrio, ciudad, país…), biología, lenguaje… Estos sistemas determinan nuestras vivencias personales y conforman nuestro modelo mental.

Nuestro observador ha adquirido y aprendido un modelo mental que determina como observamos el mundo y como actuamos en el según esa interpretación del mismo. Rafael Echeverría, nos habla del modelo OSAR:

Sistema Observador

En función a nuestro marco (Sistema), somos el individuo que somos como observador de una “realidad”. Una realidad, que viene determinada por los sistemas que nos han modelado desde que nacimos. Es decir, si en nuestra familia predominaban una serie de valores pesimistas o un lenguaje negativo que nos ha acompañado durante nuestro crecimiento, del tipo: “todo sale mal”, “las personas son malas”, “no depende de mi”, “eres un inútil”, “no vales para nada”, “nunca podrás conseguirlo”, “conformaté con lo que tienes”, “eso es para otros”, “tu quien te creer que eres”, “solo sabes decir tonterías”...  Podría rellenar hojas enteras con este tipo de mensajes que a muchos nos han podido marcar nuestra primera construcción como individuos. Sin mencionar abusos, niños abandonados, malos tratos y vejaciones de infinidad de tipos y colores que el lector sabrá diferenciar por si mismo o por su vivencia propia.

Este punto de partida nos traslada a los siguientes sistemas que nos conforman, en función a la cultura que nos envuelve con juicios y opiniones propias del sistema o heredadas: “Eso no se hace”, “esta mal visto”, “nadie lo hace”, “nadie piensa así”, “esto solo se hace de esta forma”, “no llores”, “no rÍas”, “callaté”, “las cosas son como son”, “camina por donde todos lo hacen y no te salgas del marco establecido”...

La religión, en función a si tu Dios es o no castigador, o mejor dicho como nos han contado que es, sin saber si fue o no fue, como los valores y principios son forjados en el pecado, o si dentro de dicha región seguimos separando entre fieles e infieles… No entraré en la visión de cada religión, únicamente mirémoslas como marco de educación y estructura del individuo tanto por existir en su crecimiento como por ser un elemento ausente.

Tras estos primeros y no únicos puntos sin duda, ¿como será la persona en sus relaciones humanas?, ¿y en su entorno laboral?, ¿como se visualizará?, ¿y en su día a día?, ¿como será su pareja?, ¿que buscara en el otro?, ¿como verá su futuro cuando mire hacia él?.

Ahora bien, si cambiamos el prisma y observamos el sistema de partida como una familia en la que predominaban una serie de valores optimistas y un lenguaje de posibilidad que nos ha acompañado durante nuestro crecimiento: “intentaló”, “es cuestión de práctica”, “eres un niñ@ muy listo”, “ten paciencia”, “se te da fenomenal”, “formaté”, “piensa por ti mismo”, “tienes mi apoyo”, “eres único”, “puedes con ello”, “ánimo”, “Te quiero”.. Tras estos primeros pasos… ¿cómo será la persona en sus relaciones humanas?, ¿y en su entorno laboral?, ¿como se visualizará?, ¿y en su día a día?, ¿como será su pareja?, ¿que buscara en el otro?, ¿como verá su futuro cuando mire hacia él?.

El sistema forma el observador que somos y en función a ello actuamos (Acción) de una determinada manera y así obtenemos un tipo de resultado (Resultado).

Rafael Echeverria nos muestra tres tipos de aprendizaje en función al observador que somos: Aprendizaje de primer orden, de segundo orden y transformacional.

El aprendizaje de primer orden es sin duda el más común, cuando hacemos una acción diferente a las habituales frente a una situación muy rápidamente y obtenemos un resultado.

El aprendizaje de segundo orden se produce cuando “Yo, observador” cambio mi mirada, mi forma de ver las cosas, la perspectiva desde donde la miro y con ello cambio mi acción y obtengo un resultado diferente.

El aprendizaje de tercer orden o transformacional, proviene de un mega objetivo, el cual requiere de un cambio de creencias, de un salir de donde estoy, de mi zona de confort, de una nueva reconfiguración de mi mismo, para llegar a nuevas acciones desde un cambio de creencia y por ello éstas nuevas acciones que me conducen a un aprendizaje transformacional y a un resultado obtenido para mi objetivo excepcional.

Albert Einstein dijo: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez intentando obtener un resultado diferente”.

Un pensamiento en “El Observador

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