Epigenética II

 

Continuación de Epigenética I

En una entrevista de La Vanguardia (9 septiembre de 2011) realizada al Dr. Bruce Lipton, doctorado en medicina e investigador en biología celular, a la pregunta de ¿Somos lo que vivimos y pensamos?, responde rotundamente: “Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace 40 años

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demuestran que las células cambian en función al entorno, es lo que llamamos Epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá. Según como tú respondes al mundo, un gen puede crear más de 30.000 variaciones diferentes. Menos de un 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética” y nuestras creencias y pensamientos también. En una entrevista realizada en el “Diario ABC” el 5 de junio del 2015 a Manuel Esteller, director de Epigenética del Cáncer del Idibell, explica como el estilo de vida “modifica” el material genético; a la pregunta de ¿la influencia de los genes pierde peso?, responde “Somos más que nuestros genes, que son sólo parte de nuestra historia… La influencia determinista del genoma en la aparición de enfermedades sólo se cumple en el 10% de los casos. En el 90% restante se puede modular con distintas estrategias”. El ABC pregunta: ¿Podemos decir entonces que la salud está en nuestras manos?, a lo cual M. Esteller responde “Efectivamente. No podemos seguir pensando que se trata sólo de tener malas cartas <genes>. Hay enfermedades que aparecen porque tenemos una serie de hábitos tóxicos que las desencadenan. Y al revés, hoy otras que han desaparecido o pueden evitarse con la aparición de pautas de prevención. Y los genes que las producen siguen siendo los mismos. Pero el estilo de vida cambia sus marcas epigenéticas”. Durante la entrevista se le pregunta si la alimentación y el ejercicio dejan marcas epigenéticas en nosotros a lo cual responde afirmativamente, al finalizar la entrevista el diario pregunta si estos cambios epigenéticos se heredan, y responde: “Los cambios epigenéticos se mantienen hasta tres generaciones, y puede que incluso durante más tiempo si las condiciones que los han originado perduran. En caso contrario se pueden revertir. Los cambios genéticos son permanentes, los epigenéticos son una especie de periodo de pruebas”.

En el documental “El misterio de los genes” emitido por TVE en la Noche Temática, muestra cómo estamos a punto de descubrir un mundo oculto que conecta las generaciones del pasado y del futuro de una forma que nunca imaginamos posible. Esto significa que una contaminación medio ambiental vivida por tu abuela podría generar una enfermedad en ti a pesar de no haber estado expuesto a dicha toxina y la trasmitiremos a nuestros bisnietos, estos descubrimientos tienen la capacidad de afectar a todos los aspectos de nuestra vida. No son sólo nuestros genes sino el entorno de los primeros años de vida nuestros ancestros, no tanto somos lo que comemos nosotros, sino también lo que ha comido nuestra madre y lo que haya comido tu abuela, y también depende del estrés que hayan tenido nuestros antepasados. Lo que yo haya experimentado en relación al medio ambiente tendrá un tipo de legado hacia mis hijos y nietos. Estamos cambiando la opinión de lo que es la herencia. Hay muchos científicos: Marcus Pembrey (Instituo de Salud Infantil, UCL), Wolf Reik (Instituto Bramaham), Jonathan Seckl (Universidad de Edimburgo), Michael Skinner (Universidad del Estado de Washinton) entre otros, que creen que la vida de nuestros padres, de nuestros abuelos y bisabuelos puede afectar directamente a nuestro bienestar. La biología genética tradicional siempre ha creído que la herencia genética queda grabada en el momento de la concepción, cada uno recibimos un juego de cromosomas de nuestro padre y nuestra madre y no hay cambios ni alteración de generación en generación. Michael Skinner, afirma que la exposición medioambiental a una toxina afecta a las dos, tres o más generaciones siguientes. Asegura que la epigenética tiene un factor principal en el desarrollo de las enfermedades.

Tengamos presente cuanto sentido tiene la epigenética en la herencia de las emociones, los sentimientos y hasta el alimento que recibimos de nuestros ancestros. La información de nuestras células las enviamos en nuestro ADN, y pongamos especial atención a cuanta memoria recibimos de nuestra madre y nuestras abuelas. En el momento de la concepción el espermatozoide se introduce en el óvulo femenino y pierde su mitocondria en ese proceso (la cola), permaneciendo la memoria de la mitocondria femenina en la gestación y formación del feto. El óvulo de nuestra madre trae información directa de nuestra abuela y del entorno que ésta vivió, pues durante el embarazo de la abuela se formaron los ovocitos que nuestra madre utilizará después para gestarnos a nosotros. Como hemos dicho anteriormente las improntas recibidas quedan almacenadas y las proteínas que han generado nuestras emociones y pensamientos también se han adherido y dado forma a nuestras células con los receptores de las mismas. ¿Qué sucesos acontecieron durante el embarazo?, ¿qué emociones y pensamientos sentía y tenía nuestra madre?, ¿y nuestra abuela?, ¿Qué alimentación tenían?. Como decía M. Estellez Director de Epigenética o Bruce Lipton entre otros, “...los cambios epigenéticos se transmiten al menos hasta tres generaciones…”, “... Las influencias medioambientales modifican la información de nuestro cuerpo y dichas modificaciones pueden trasmitirse a futuras generaciones…”. ¿Qué propósito evolutivo tiene esto? ¿Tal vez la impronta sea utilizada como medio de adaptación y una madre pueda utilizarla para enviarle cierta información a su bebé en el embarazo?.

En una reciente publicación de “El Mundo”,29 de Septiembre del 2015,  el doctor Felipe Vilella afirma que: El útero materno ya 'habla' con el embrión antes de que se implante. La comunicación entre madre e hijo comienza incluso antes de que el embrión se implante en el útero materno, según acaban de demostrar científicos de la Fundación IVI, cuyas implicaciones van mucho más allá de lo meramente sentimental.

En Edimburgo, Jonathan Seckl estaba interesado en si los efectos del estrés en mujeres embarazadas podían transmitirse a los hijos. Comenzó con ensayos con ratas exponiéndolas a hormonas del estrés para ver si había algún efecto en las crías, vieron que a lo largo de la vida útil de éstas tenían alterada su respuesta al estrés y mostraban comportamientos que parecían de ansiedad. Fueron más allá, y decidieron criarlas para  ver si afectaba a los mismos genes, para ver si la siguiente generación que no había tenido contacto con la hormona del estrés como la primera tenían la misma respuesta; descubrieron que los hijos e hijas de la misma tenía respuestas anormales ante el estrés. Para Seckl, el interruptor se activaba con dicha impronta de una generación a otra. Amplió sus estudios tras el atentado de las Torres Gemelas y el impacto que el estrés post-traumático iba a tener en mujeres que en ese momento estaban embarazadas y en los futuros hijos que estuvieron expuestos en el útero de su madre. Cuando una persona se expone a un suceso estresante la persona produce cortisol (hormona que ayuda al cuerpo a regular la hormona del estrés), si se produce poco cortisol la persona es propensa al estrés post-traumático debido a que al cuerpo le es difícil hacer frente al estrés. El dato recogido fue que 200 mujeres embarazadas habían estado en las Torres Gemelas, la mitad de ellas desarrolló estrés post-traumático y al estudiarlas descubrieron que tenían una cantidad anormal de cortisol en la saliva, el impactante descubrimiento fue que también lo tenían sus bebés con un año de edad. Ahora bien, ¿los futuros hijos de éstos niños, la tercera generación, heredaran la memoria estresante vivida por su abuela?.

Marcus Pembrey y Lars Olov Brygren, descubrieron tras 20 años de trabajo que el entorno y  lo que nuestros abuelos comieron podía afectar a nuestra salud y a nuestra esperanza de vida.

Como diría la Sistémica de Hellinger, nuestros padres hicieron lo que hicieron de la mejor forma que supieron, y me resulta importante añadir, que no es la responsabilidad del otro en como lo hizo, sino en cómo yo he recibido esa información a lo largo de mi desarrollo y crecimiento de niño a adulto. Recibimos muchas memorias celulares y también somos responsables de nuestros pensamientos, de respetar nuestras emociones seas cuales fueran (… pues todas son necesarias), somos responsables de nuestra alimentación y de la gestión del estrés. Y que todo ello afecta a nuestro cuerpo, nuestras células, ADN y nuestra herencia. Que abanico tan inmenso de posibilidades se nos abre al ser conscientes de que nosotros elegimos nuestro pensamiento, con ello nuestras acciones y, en definitiva, nuestra vida.

Querido lector, aquí se une pasado, presente y futuro, cuál regalo sería que esta información te ayudara a formularte tus propias preguntas y  a buscar la información por ti mismo para hallar nuevas respuestas...

Un pensamiento en “Epigenética II

  1. 620 Jones

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